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Mamíferos salvajes

Cerebro humano en ratones complica evaluar su bienestar

Científicos afirman que alterar el sistema neurológico de roedores con organoides humanos podría dificultar evaluar con precisión sus signos de malestar.

Publicado por Phys.org · · 2 min de lectura

Cerebro humano en ratones complica evaluar su bienestar
Imagen: Phys.org

Un estudio publicado en la revista Nature detalla cómo un grupo de científicos integró con éxito organoides de cerebro humano en el sistema nervioso de roedores vivos. Al modificar genéticamente a los ratones para que ciertas áreas neuronales específicas no se desarrollaran, el equipo generó un espacio libre que permitió a los tejidos de células madre humanas, de crecimiento más lento, madurar sin ser superados en competencia.

Aunque las placas de laboratorio pueden sostener cúmulos celulares, no logran replicar el complejo entorno de un cráneo vivo. La introducción de estructuras neuronales humanas en ratones vivos permite a los investigadores indagar cómo crecen estas formaciones celulares dentro de un marco nervioso funcional, lo que podría ofrecer mejores modelos para comprender los trastornos cerebrales y evaluar nuevas terapias médicas.

La creación de estas criaturas quiméricas plantea complejas consideraciones éticas sobre el bienestar animal. La evaluación del bienestar de los ratones de laboratorio depende en gran medida de indicios conductuales y fisiológicos, tales como los patrones de acicalamiento, las interacciones sociales, los hábitos de anidación y las expresiones faciales vinculadas al dolor físico. Como los roedores no pueden comunicar directamente su malestar, los cuidadores dependen de estos hábitos observables para detectar el sufrimiento.

Modificar la arquitectura cerebral complica esas evaluaciones al alterar precisamente el sistema biológico que produce las sensaciones internas y guía el comportamiento externo. Los expertos señalan que, incluso si un ratón modificado muestra rutinas típicas, los científicos no pueden tener la certeza de que esas acciones externas sigan reflejando el estado mental subyacente del animal de la manera esperada.

En pruebas de memoria que implicaban la navegación por laberintos, los ratones con implantes humanos rindieron al mismo nivel que los sujetos de control sanos, sin mostrar indicios de una mayor inteligencia ni cambios de comportamiento inusuales. Diversas limitaciones físicas, entre ellas la anatomía estándar de los roedores, las restricciones sensoriales y el desarrollo específico de la especie, impiden que los animales adquieran capacidades cognitivas similares a las humanas.

Aun así, los investigadores advierten de que la supervisión actual del bienestar debe ampliarse a medida que las intervenciones neuronales se vuelven más sofisticadas. Garantizar un trato humano exigirá que los científicos vuelvan a comprobar y confirmen que los marcadores tradicionales de sufrimiento sigan siendo válidos cuando se aplican a cerebros modificados.